domingo, 4 de febrero de 2024

Mc 6,30

 Los enviados se congregaron donde estaba Jesús y le contaron todo lo que había hecho y todo lo que habían enseñado.

Los Doce, que habían sido enviados de dos en dos por Jesús (6,7), vuelven de su viaje tras haber dado remate a su actividad. El verbo <<congregarse>> indica, como en otras ocasiones, que los que se reúnen con Jesús mantienen las categorías del judaísmo; esto significa que en la tarea han sido guiados por la idea de la restauración de Israel y han hecho creer que tal es la intención de Jesús. Continúa, pues, la incomprensión de los discípulos (4,10.34.41; 6,13). No han entendido las parábolas ni asimilado el secreto del reinado de Dios (4,11 Lect.); tampoco les han servido las explicaciones de Jesús (4,34 Lect.). El uso en el texto del presente histórico (lit. <<se congregan>>) puede indicar que esta mentalidad seguía estando presente en la época de Mc.

Informan a Jesús de cuál ha sido su labor, sin omitir nada (<<todo lo que habían hecho>>) se refieren a lo descrito en 6,12s, es decir, proclamar la enmienda, expulsar los demonios y animar a los desalentados (unturas con aceite a los postrados), fomentando la esperanza de la restauración nacional. No han seguido en nada las instrucciones de Jesús.

Pero añaden todavía un dato nuevo: han enseñado, para lo que tampoco habían recibido encargo de Jesús. De hecho, enseñar, que en Mc significa proponer el mensaje tomando pie del Antiguo Testamento, Jesús no lo delega en nadie, y él lo ejerce solamente ante oyentes judíos (1,21b; 2,13; 4,1; 6,2; 9,31, etc.), no cuando habla a grupos en los que hay quienes no proceden del judaísmo (8,34; 9,35ss, etc.). Esto muestra que los Doce han limitado su actividad al territorio y a los círculos judíos.

Los Doce se han arrogado el derecho a enseñar, se han presentado como maestros, pero como no han asimilado la enseñanza de Jesús (4,34), la que han propuesto no puede ser otra que la nacionalista judía, opuesta a ella, la que ellos pensaban que Jesús debía haber enseñado (4,10 Lect.). Esta enseñanza carece de la <<autoridad>> que caracteriza a la de Jesús, es decir, no está avalada por el Espíritu (1,22 Lect.).

La tarea a la que habían sido enviados era, en cambio, muy distinta: tomar contacto con toda clase de gentes, sin limitarse a los círculos judíos (cf. 4,35-5,1), para que cayeran sus prejuicios xenófobos. Desde el punto de vista de Jesús, el envío ha terminado en un fracaso. No han seguido sus instrucciones; no habrá nuevo envío de los Doce.

LA BIBLIA

sábado, 3 de febrero de 2024

Mc 6,21-29

 

Mc 6,21

Los notables de Galilea están en el banquete de Herodes (21), perseguido de Juan {no en el banquete mesiánico, 2,15), reconociéndolo por rey legítimo. Estos son «los herodianos» (3,6; 8,15; 12,13). En el plano figurado, Herodías, la adúltera, representa a estos dirigentes, la hija, al pueblo sin voluntad propia y juguete en sus manos (paralelos con la hija de Jairo: 5,35 y 6,22: hija; 5,41.42 y 6,28: muchacha). Juan no habría denunciado solamente la inmoralidad personal de Herodes, sino el connubio entre los dirigentes judíos y el poder del tirano. La muerte de Juan a manos del poder civil, por instigación del poder judío (Herodías), preludia la muerte de Jesús.

Mc 6,29

 Al enterarse sus discípulos, fueron a recoger el cadáver y lo pusieron en un sepulcro.

La noticia se sabe, llega a los oídos de los discípulos de Juan. Ellos son los notarios de su muerte, entierran su cuerpo privado de la cabeza; con ello dan fe de que ha terminado el movimiento popular suscitado por el Bautista. Recogen el <<cadáver>>; subraya el evangelista que, muerto Juan, ya no tiene realidad ni vida; todo ha terminado incluso para sus discípulos; no puede haber continuación. Los que se empeñen en seguir siendo discípulos de Juan no tienen en realidad a quién seguir (cf. 2,18 Lect.). Como no siguen a Jesús, sólo pueden dar testimonio del fin de su maestro. La supuesta resurrección de Juan no puede tener realidad, ni su misión admite sucesores; no tiene sentido que los Doce, al ser enviados por Jesús, hayan pretendido tomar su relevo (6,12).

OTRO PLANO DE LECTURA

El comentario anterior ha considerado el sentido obvio del texto; toca ahora exponer el segundo plano de lectura que presenta la perícopa, siguiendo las marcas puestas por el evangelista.

Hay que notar, en primer lugar, el paralelo entre la hija de Herodías y la hija de Jairo, señalado por el uso en ambos pasajes de los términos <<hija>> (5,35 y 6,22) y <<muchacha>>) (5,41.42 y 6,28) y la carencia de ambos casos de nombre propio. Esto hace ver que las figuras correlativas de la madre (Herodías) y de la hija representan, como en el episodio de Jairo las del Padre y la hija, a una clase dirigente y al pueblo sometido a ella. La sumisión será repetidamente subrayada. Pero, a diferencia de Jairo, que deseaba la vida de su hija Herodías quiere sólo utilizar a la suya para su propósito de muerte.

La hija, como <<muchacha casadera>>, representa, pues, también aquí a una parte de Israel que está destinada al verdadero esposo, el Mesías. La madre, a su vez, a una clase dirigente judía, que es infiel a la alianza o, figuradamente, que es adúltera, por haber dejado a su verdadero esposo, Dios o el Mesías, para aliarse con un poder bastardo; esos dirigentes aseguran la sumisión del pueblo a ese poder, separándolo de Dios y de su pan. Nótese que desde el v. 22b no vuelven a mencionarse los nombres de Herodes y Herodías, solamente <<el rey>>, el poder, y <<la madre>>: se ha pasado al sentido figurado.

Se tienen así tres personajes representativos: 

1) Herodes, rey extranjero, no davídico, que se comporta como un rey pagano y despótico (Gn 40,20: Faraón; Est 5,3.6: Asuero), representa el poder ilegítimo, contrario a las promesas de Dios. 

2) Herodías, que para conservar su poder, se alía con el rey ilegítimo, en perjuicio del pueblo, representa a la clase dirigente judía infiel a Dios, a los <<notables>> de Galilea, el poder económico, que se sientan a la mesa de Herodes sin la menor objeción a la conducta de éste ni escrúpulo por contaminarse de su impureza; el banquete de estilo pagano no les causa dificultad: han dejado al verdadero Dios por la idolatría del dinero y del poder.

3) La hija, sin nombre, voluntad ni personalidad, representa al pueblo sometido a esa clase y manipulado por ella.

La aristocracia judía representada por Herodías es mucho más implacable que el poder político (Herodes) y tiene menos respeto a Dios. No vacila en prostituir al pueblo (la hija) ni se ocupa de él más que para utilizarlo. Lo tienen sometido, al servicio del capricho del poder absoluto y de los poderes subordinados a él. La imagen de la hija muestra a un pueblo cuyo esfuerzo se pone en agradar a los poderosos, renunciando a su dignidad. Evidentemente, la abyección del pueblo complace a los dirigentes, que ven así reforzado su poder.

La muerte de Juan, el predicador del cambio de vida, se debió, pues, según Mc, a la denuncia de la unión ilegítima de Herodes y Herodías, pero ésta sirve de trasfondo a la infidelidad a Dios de los dirigentes judíos: los notables de Galilea están en el banquete de Herodes (v. 21), perseguidor de Juan, reconociéndolo por rey legítimo; son <<los herodianos>> (3,6; 8,15; 12,13). Juan no ha denunciado solamente la inmoralidad personal de Herodes, sino el connubio entre los dirigentes judíos y el poder del tirano. Tanto la prisión de Juan como su muerte se han hecho por instigación del poder judío (Herodías); el poder político ha sido su instrumento.

La decapitación de Juan es obra de Herodías, es decir, el movimiento suscitado por Juan queda truncado por los dirigentes judíos.

La perícopa completa así varios datos del relato anterior de Mc. En ella aparece que la presión político-económica de los <<notables>> de Galilea manipula al pueblo y lo tiene sometido a Herodes, lo que supone el fracaso del movimiento popular comenzado por Juan. Después de la detención de éste (1,14) ha habido tiempo para deshacer su obra. El pueblo, que había respondido unánimemente  a su llamada (1,5) ha vuelto a ser dominado por el sistema. Los que al principio estaban con Juan, se han puesto después contra él; no ha habido cambio de vida en Israel. La muerte de Juan puso el sello. Sus discípulos, que, privados de él, no se adhirieron a Jesús, se asimilaron a la espiritualidad farisea (2,18).

En este contexto comenzó la actividad de Jesús, que recogió el mensaje del Bautista sobre la enmienda o cambio de vida (1,15), aunque como presupuesto para la buena noticia: la cercanía del reinado de Dios. Cuando Jesús se propone dar libertad e iniciativa al pueblo anquilosado y se enfrenta por ello con los fariseos, éstos, alarmados, van a ponerse de acuerdo con los herodianos para eliminar a Jesús (3,6). Evidentemente, la promoción del pueblo que tienen sometido se opone a sus intereses.

La actividad de los Doce, enfocada como restauración de Israel incorporando el mensaje del Bautista, tiene gran éxito; es decir, suscita un movimiento popular parecido al que en otro tiempo había suscitado Juan. De ahí el miedo de Herodes a que se repita el conflicto.

Lo sucedido con Juan anticipa lo que va a ocurrir con Jesús: el instigador de su prendimiento será el poder judío, que se servirá del pueblo para forzar a Pilato a darle muerte (15,11). Pilato, por su parte, aunque convencido de que Jesús es inocente, traicionará a su conciencia plegándose a la exigencia de los dirigentes judíos.

LA BIBLIA

Mc 6,26-28

 El rey se entristeció mucho, pero, debido a los juramentos hechos ante los convidados, no quiso desairarla. El rey mandó inmediatamente un guardia personal, con orden de que le llevara la cabeza de Juan. Fue, lo decapitó en la cárcel, llevó la cabeza en una bandeja y se la dio a la muchacha; y la muchacha se la dio a su madre.

En el poder civil, representado por <<el rey>>, hay un resto de humanidad, tiene sentimientos, ya demostrados en el trato que tenía antes con Juan (6,20). Estimaba a Juan y sentía temor de él, sabiendo que era hombre justo y santo, por eso lo tenía protegido de las insidias de Herodías. Sabe, pues, que lo que le piden no es sólo una injusticia, sino un desprecio de Dios. Ha fracasado su protección. Herodías, en cambio, es insensible.

Herodes no quiere desairar a la joven, por los juramentos pronunciados ante los convidados: un rey no puede quedar en mal lugar, perdería su prestigio. Por encima de los sentimientos personales, como hombre, están sus intereses como rey. Si quisiera podría retractarse de su juramento, pero quiere mantener el prestigio del poder, máximo valor, aunque traicione a su propia conciencia. La vida del justo pasa a segundo término; lo que establece el rey, aunque sea un capricho, se debe cumplir. Hay que mantener la fachada de la omnipotencia.

Ninguna reacción por parte de los invitados: obsequiosidad total; al rey le está permitido todo, incluso matar. Es dueño de la vida de los súbditos.

El rey da la orden y un subordinado la ejecuta. Obediencia muda del guardia. Juan sigue en la cárcel, donde estaba desde el principio (6,17); allí es decapitado. La cabeza pasa a la joven, destinataria de la promesa-juramento. La orden se ha cumplido tal como lo exigió ella (en una bandeja>>); pero la hija es sólo intermediaria. El relato se precipita: ya no se dice que la joven salga con la bandeja a encontrar a la madre. Da la cabeza a la madre, quedándose sin nada. Herodías consigue su propósito.

LA BIBLIA

Mc 6,24-25

 Salió ella y le preguntó a su madre: <<¿Qué le pido?>>. La madre le contestó: <<La cabeza de Juan Bautista>>. Entró ella en seguida, a toda prisa, adonde estaba el rey, y le pidió: <<Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan el Bautista>>.

La muchacha no contesta palabra, va a preguntar a su madre, que ha urdido toda la trama y ha prostituido a su hija. Ésta, aunque en edad de casarse, por sí misma no sabe decidir, no conoce sus propios deseos o mejor no los tiene, sólo los de su madre. Su inmadurez y su dependencia son totales: sólo su madre sabe lo que a ella le conviene.

A partir del v. 22b desaparecen del relato los nombres propios de Herodes y de Herodías, él es <<el rey>>, término característico del libro de Ester (183 veces); ella, <<la madre>> de la muchacha sin nombre, Mc insinúa así un sentido figurado.

La promesa se hizo en beneficio de la hija, pero va a decidir la madre. Ésta no estaba presente en el banquete, pero se encuentra al corriente de todo. La hija no la informa, consciente de que su madre sabe lo que está sucediendo; sólo le pregunta: <<¿Qué le pido?>>.

La respuesta es inmediata. Pero la madre no busca el interés de su hija, sino el suyo propio: debe pedir la cabeza de Juan Bautista; se sirve de la joven como instrumento. Quiere la cabeza de Juan, para llevar a cabo su designio (6,19: <<quería darle muerte>>) y asegurar su posición. Su relación es ilegítima, que la hace participar del poder, es el máximo valor para ella, por encima de la vida del enviado de Dios. Su situación es contraria a Dios y, para asegurarla, sigue actuando contra él.

Los personajes van cediendo de su poder hasta que Herodías se hace dueña de la situación: el rey se somete a la joven, pero ésta, a su vez, se somete a la madre, quien, por medio de ella, somete a Herodes. La seguridad de la hija es depender de su mare; la de Herodías, estar con Herodes. Ella no quiere la mitad del reino, quiere el reino entero.

En sus instrucciones, la madre añade al nombre de Juan el recuerdo de su actividad, que había sido una amenaza para ella (<<Juan, el que bautizaba>>).

Se subraya la inmadurez de la joven: entra <<en seguida, a toda prisa>>, sin criticar ni juzgar la petición de la madre y sin considerar si era en su interés o no. El deseo de la madre es para ella un mandato. No tiene respeto por la vida humana; lo que hace la madre está bien, lo que pide es lo mejor. Es una esclava sin voluntad propia.

Así, la hija hace suyo el deseo de la madre. Exige (<<quiero que>>) que se cumpla su deseo, añadiendo la urgencia (<<ahora mismo>>) y el macabro detalle de la bandeja. Ella es la que manda y pide para sí misma, pero sólo está actuando como marioneta de la madre. La joven no llama a Juan <<el que bautizaba>>, sino <<el Bautista>> como título; la actividad de Juan no le afecta.

El poder arbitrario va a servir a la joven y a la madre, que no han participado en el banquete oficial, <<en una bandeja>>, como un manjar, la cabeza de Juan Bautista. El banquete de aniversario, celebración de vida, se convierte en banquete y celebración de muerte.

LA BIBLIA

viernes, 2 de febrero de 2024

Mc 6,22-23

 Entró la hija de la dicha Herodías y danzó, gustando mucho a Herodes y a sus comensales. El rey le dijo a la muchacha: <<Pídeme lo que quieras, que te lo daré>>. Y le juró repetidas veces: <<Te daré cualquier cosa que me pidas, incluso la mitad de mi reino>>.

<<Entró>> por iniciativa propia, con el acuerdo de su madre. El oficio de bailarina en un banquete era propio de prostitutas. La hija de Herodías, ahora princesa, se presta  a actuar como una de ellas. <<Danzó>> para divertir a Herodes y a los invitados; humillante adulación al poder. <<La muchacha>> está en edad de casarse. Mc no menciona su nombre, es decir, no le concede personalidad propia; se define por la madre.

A Herodes <<le gustó mucho>> (cf. Est 2,9); pierde la cabeza y, con sus juramentos, se compromete solemnemente a dar un premio a la muchacha, dejándolo a su arbitrio: el superior se subordina al inferior. Herodes se atribuye la posibilidad de satisfacer cualquier deseo de la joven, se considera dueño de todo y con poder para todo. Subraya la certeza de su promesa (<<te lo daré>>), que repite varias veces (cf. 26: <<los juramentos>>).

<<Incluso la mitad de mi reino>> frase inspirada de la promesa del rey Asuero a Ester, explica el alcance de la promesa anterior (<<cualquier cosa>>). Sigue comportándose como un rey pagano. Es un gesto irreflexivo y desmesurado, que refleja la arbitrariedad propia del tirano.

LA BIBLIA

Mc 6,21

 Llegó el día propicio cuando Herodes, por su aniversario, dio un banquete a sus magnates, a sus oficiales y a los notables de Galilea.

<<El día propicio>> representa la ocasión oportuna para que Herodías cumpla su designio de matar a Juan. Remite a la frase anterior: <<se la tenía guardada a Juan>> (6,19). Herodías no ha cejado en su voluntad de eliminarlo. Todo lo que sigue, está, por tanto, preparado para ella.

El banquete de cumpleaños se menciona en el AT del Faraón de Egipto (Gn 40,20); para los judíos era una costumbre pagana. Se celebra la vida de Herodes, el poder absoluto, y con él la celebran los representantes de todos los poderes.

Los magnates son probablemente los gobernadores de los diez distritos en que se dividía la tetrarquía (cf. Dn 5,1ss) y representan el poder político asociado y dependiente del de Herodes. Los oficiales son los jefes de las cohortes, el poder militar, la violencia al servicio del rey. Los notables de Galilea son los miembros de la aristocracia judía, la oligarquía que detenta el poder económico aliado con Herodes; han aceptado a un rey ilegítimo, renunciando a la línea davídica; son, sin duda, los <<herodianos>> con quienes los fariseos se habían puesto de acuerdo para acabar con Jesús (3,6). Asisten todos, no hay disidencias; no han estado ni están de parte de Juan, pues no han aceptado su mensaje de cambio de vida ni han protestado por su encarcelamiento: evidentemente, no lo habían reconocido como profeta (cf. 11,31-32). A ninguno de los tres grupos le importa la injusticia que ha cometido Herodes encarcelando a Juan ni el parecer del pueblo.

LA BIBLIA

APÉNDICES - MARCOS

El final abrupto de Mc y la omisión de toda aparición del Resucitado a sus discípulos dio pie, ya en el siglo II, a la adición de apéndices ...