No hay situación desesperada para la fe. La muerte significa que este pueblo sometido a la institución, al abandonarla por no poder sufrir más su opresión, queda sin alternativa, sin acceso a Dios y excluido de su sociedad (cf. 6,34). Jesús le ofrece la alternativa que necesita (35-36). Los tres discípulos que forman el primer grupo de la lista de los Doce, los más recalcitrantes (cf. 3,16s) (37). Las designaciones de la niña van cambiando: en boca de Jairo, mi hijita, dependencia y cariño (23); los emisarios, tu hija, dependencia (35); Jesús, la chiquilla, pequeñez, pero no dependencia (40.41), y muchacha (casadera), independencia, porvenir fecundo (41.42); Jesús, que le da vida y fecundidad, es «el Esposo» (2,19). La orden que nadie se entere, imposible a nivel histórico, muestra el sentido teológico de la perícopa. La inmadurez de este' pueblo hace que no pueda enfrentarse aún con las consecuencias de la adhesión pública a Jesús, tiene que crecer (que se le diera de comer).
1,1
- 1,1
- 1,2-5
- 1,6-8
- 1,9-13
- 1,14-15
- 1,16-21a
- 1,21b-28
- 1,29-31
- 1,32-34
- 1,35-38
- 1,39-45
- 2,1-13
- 2,14
- 2,15-17
- 2,18-22
- 2,23-26
- 2,27-28
- 3,1-7a
- 3,7b-12
- 3,13-19
- 3,20-21
- 3,22-30
- 3,31-35
- 4,1-9
- 4,10-25
- 4,26-32
- 4,33-34
- 4,35-5,1
- 5,2-10
- 5,11-17
- 5,18-20
- 5,21-24a
- 5,24b-34
- 5,35--6,1a
- 6,1b-6
- 6,7-13
- 6,14-16
- 6,17-20
- 6,21-29
- 6,30-33
- 6,34-46
- 6,47-53
- 6,54-56
- 7,1-13
- 7,14-15
- 7,17-23
- 7,24-31
- 7,32-37
- 8,1-9
- 8,10-22a
- 8,22b-26
- Mc 8,27-30
- 8,31-33
- 8,34-9,1
- 9,2-13
- 9,14-27
- 9,28-29
- 9,30-33a
- 9,33b-37
- 9,38-40
- 9,41-49
- 9,50
- 10,1-12
- 10,13-16
- 10,17-22
- 10,23-30
- 10,31
- 10,32-34
- 10,35-41
- 10,42-46a
- 10,46b-52
- 11,1-11
- 11,12-15a
- 11,15b-19
- 11,20-27a
- 11,27b-33
- 12,1-12
- 12,13-17
- 12,18-27
- 12,28-34
- 12,35-37
- 12,38-40
- 12,41-44
- 13,1-2
- 13,3-4
- 13,5-8
- 13,9-13
- 13,14-23
- 13,24-27
- 13,28-31
- 13,32-37
- 14,1-2
- 14,3-9
- 14,10-11
- 14,12-16
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- 14,22-26
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- 14,43-50
- 14,51-52
- 14,53-54
- 14,55-64
- 14,65
- 14,66-72
- 15,1
- 15,2-15
- 15,16-20
- 15,21
- 15,22-32
- 15,33
- 15,34-41
- 15,42-47
- 16,1-8
- Apéndices-Evangelio de Marcos.
domingo, 14 de enero de 2024
Mc 5,35 -- 6,1a
Mc 5,43
Les advirtió con insistencia que nadie se enterase y encargó que se le diera de comer.
Considerada desde el punto de vista histórico, la encarecida recomendación de Jesús (<<les advirtió con insistencia que nadie se enterase>>) es inexplicable. No habría sido posible ocultar la vuelta a la vida de la hija de un personaje de todos conocido después que su muerte había sido patente y había provocado un duelo público. La magnitud de esta incongruencia narrativa fuerza a concluir que el evangelista pretende obligar al lector a interpretar el episodio en una clave que sobrepasa el sentido literal e histórico. Es el clímax de la serie de indicios que ha ido sembrando a lo largo del texto para dar a entender el sentido profundo de su relato.
Para interpretar esta advertencia hay que ponerla en relación con la siguiente: <<y les encargó que se le diera de comer>>. La vida obtenida necesita crecer, y <<comer>> es la condición para ello. A lo largo de toda la narración, la niña ha sido designada con diminutivos (5,23: <<hijita>>; 5,39.40.41: <<chiquilla>>; 5,41.42: <<muchacha>>; en griego, <<muchachita>>, <<mocita>>). Contrasta esta figura infantil con la adulta de la mujer con flujos (5,25), que podía decidir por sí misma. La niña aparece como una menor, figura del pueblo dominado por una institución que ha impedido su desarrollo.
Como le dice Jesús, la niña se levanta ella sola, pero además se pone a caminar. Al igual que en el caso del paralítico (2,10), esto significa que ahora es dueña de su vida y de su itinerario. Los padres la habían acercado a Jesús, pero ella toma en su mano la vida que ha recibido.
Pero este pueblo está infantilizado e inmaduro (<<chiquilla>>) y, si se hiciera pública su adhesión a Jesús, no podría resistir la oposición del sistema judío; de ahí el secreto. Es el caso contrario de la mujer con flujos: los marginados querían mantener en secreto su adhesión a Jesús, pero él los obliga a manifestarla; por no haber estado sometidos a la institución han madurado lo suficiente (mujer adulta) para poder afrontar las consecuencias de su decisión. La niña, en cambio, ha de crecer y desarrollarse, lo que hasta ahora le han impedido; solamente entonces podrá manifestar abiertamente su ruptura con las instituciones del pasado y su adhesión a Jesús, y será capaz de afrontar las consecuencias de su opción. Esta nota del evangelista muestra su realismo.
Se entiende la razón de que la edad de la niña se mencione antes de los encargos de Jesús. La muchacha/pueblo infantil aún ha de madurar para llegar a ser mujer/pueblo adulto. El don del Espíritu no suple la falta de desarrollo humano.
Mc 5,41
Cogió a la chiquilla de la mano y le dijo: <<Talitha, qum>> (que significa: <<Muchacha, a ti te digo, levántate>>).
Como en el caso de la suegra de Pedro (1,31), Jesús coge a la niña de la mano; este gesto, que se menciona solamente cuando los individuos pertenecen al pueblo judío (1,31; 5,41; 9,27), puede indicar que el episodio refleja una actividad histórica de Jesús.
Jairo le había pedido que aplicase la mano a su hija enferma (5,23). Ahora toca a la muerta, contra la severa prohibición de la Ley (Nm 19,11.13: <<El que toque un muerto, un cadáver humano, y no se purifique, contamina la morada del Señor y será excluido de Israel>>). Como en el caso del leproso (1,40) y el de la mujer con flujos (5,27), Jesús no respeta la Ley de lo impuro, que, apelando a una supuesta voluntad divina, le habría impedido dar vida a ese pueblo. Para Jesús, esas prohibiciones no sólo no tienen validez, sino que son contrarias al designio de Dios. El único criterio para juzgare de lo bueno y lo malo es el bien del hombre (3,4).
La acción va acompañada de la palabra. Cuando Mc pone en boca de Jesús palabras en arameo (aquí, Talitha, qum) quiere decir que el personaje, circunstancia o lugar a que se refieren pertenece o tiene relación con el pueblo judío. Esto confirma el carácter representativo de la niña, figura del pueblo integrado en la institución religiosa.
Mc traduce, ampliándolas (<<a ti te digo>>), las palabras arameas. Para designar a la niña, Jesús ya no utiliza el término <<chiquilla>> (v. 39); la llama <<muchacha>>, es decir, jovencita casadera, designación que anuncia vida y fecundidad.
Es el momento de comparar las diferentes denominaciones utilizadas en este episodio para designar a la niña. Jairo la llama <<mi hijita>> (5,23), indicando posesión y ternura, minoría de edad y dependencia; los emisarios la llaman <<tu hija>> (v. 35), subrayando la posesión y dependencia; Jesús la llama <<chiquilla>> (vv. 39.40.41), señalando su condición de menor, pero eliminando la idea de posesión y dependencia; por último, la llama <<muchacha>> (vv. 41.42), que designa a una joven núbil, apta para el matrimonio (Est 2,2.7; Tob 6,12), y que, en consecuencia, va a hacerse independiente de sus padres.
<<Hija>>, <<hijita>> hacen referencia a una condición presente basada en un hecho pasado (la generación, el origen); <<chiquilla>>, sólo a una condición presente; <<muchacha>>, a una condición futura (el matrimonio). Con estas figuras expone Mc que la acción de Jesús libera de la dependencia y tutela de los dirigentes a los israelitas que, mediante ella, han sido mantenidos en la minoría de edad. Les abre un nuevo horizonte de vida autónoma y fecunda.
Las palabras de Jesús (<<a ti te digo>>) denotan su autoridad; el contacto físico transmite su fuerza (cf. 5,30). A la suegra de Pedro la levantó él (1,31). Aquí, como en el caso del paralítico (2,11), la niña debe levantarse por sí misma; se le ha comunicado una vida que la capacita para obrar por propia iniciativa. Ésta fue la petición de Jairo: <<para que se salve y viva>> (5,23); Jesús la ha realizado.
Mc 5,40b
Pero él, después de echarlos fuera a todos, se llevó consigo al padre de la chiquilla, a la madre y a los que habían ido con él y fue adonde estaba la chiquilla.
Ante la reacción de burla de la gente, Jesús actúa con autoridad. En la casa del jefe de sinagoga es él quien toma las decisiones. Expulsa sin más a los que hacían duelo y designa a los que han de presenciar su encuentro con la niña. No va a actuar en un ambiente de incredulidad hostil.
Toma consigo al padre y a la madre de la niña y a los discípulos que habían ido con él. El antes denominado <<jefe de sinagoga>> pasa a ser <<padre>>: se cambia la función oficial por el hecho humano. Al estar unido con la <<madre>> no representa una figura de autoridad, sino de vida. La presencia de la <<madre>> indica también el sentido nupcial de la escena (Cant 3,4: <<en casa de mi madre>>); el padre y la madre han de entregar a la esposa. Los discípulos que habían ido con Jesús son <<los amigos del esposo>> (2,19), que lo acompañan en la boda y hacen de testigos. Ya no se mencionan sus nombres, sólo importa la función que desempeñan.
La escena remite, pues, a 2,19, donde Jesús se presenta como el novio/esposo. Esto equivale a anunciar la instauración de una nueva alianza (cf. Jr 32/38,31), utilizando el simbolismo nupcial propio de los profetas en vez del jurídico establecido por el Pentateuco.
La nueva alianza no se hace con Dios, sino con Jesús, Hijo de Dios, su presencia en la tierra. El sentido nupcial de la escena significa que Jesús comunica nueva vida al pueblo, integrándolo en una nueva relación con él que equivale a la nueva relación con Dios. Es la relación de amor y fidelidad mutuos, simbolizada por el vínculo nupcial. Ésta es la alternativa que él propone, la única que puede dar vida al pueblo muerto.
Jesús no va a actuar en el ámbito de las antiguas instituciones ni de la Ley, ni va a revitalizar al pueblo dentro de ellas; va a comenzar la nueva comunidad humana, el reino de Dios, del cual el nuevo Israel forma parte, junto con los seguidores que no proceden de la institución judía (2,15 Lect.).
sábado, 13 de enero de 2024
Mc 5,39-40a
Luego entró y les dijo: <<¿Qué alboroto y qué llantos son éstos? La chiquilla no ha muerto, está durmiendo>>. Ellos se reían de él.
Jesús ha contemplado el alboroto desde fuera. Ahora entra en la casa donde se llora y se grita. Entra para rectificar la interpretación de la muerte que dan los presentes con su dolor. Se dirige a ellos para reprocharles su demostración de dolor, proponiéndoles implícitamente que revisen su actitud. Sus palabras hacen vislumbrar una esperanza.
A continuación les propone Jesús cómo debe interpretarse el hecho: <<la chiquilla no ha muerto, está durmiendo>>. El primer miembro se opone frontalmente a la afirmación hecha antes por los emisarios llegados de la casa del jefe de sinagoga: <<tu hija ha muerto>> (5,35), noticia que anticipaba el duelo que se manifiesta ruidosamente en la casa. Entonces Jesús desmintió la afirmación de los emisarios exhortando a la fe al jefe de sinagoga; ahora, en la casa, desmiente la necesidad de duelo con una rotunda negación de la muerte.
Para designar a la niña usa Jesús el término <<chiquilla>>, que aparecerá otras tres veces en el relato que sigue. No se la volverá a llamar <<hija>>, denominación que indicaba su dependencia respecto al jefe de sinagoga. Jesús reconoce la minoría de edad (<<chiquilla>>), pero no la dependencia.
Al decir <<está durmiendo>> quita Jesús a la muerte su carácter definitivo. Desde el momento en que él está presente, se produce un cambio: lo que antes se consideraba irreversible, deja de serlo, porque Jesús propone una alternativa que antes no existía y que permite superar esta muerte.
El verbo <<dormir>>, conectado con la subsiguiente interpelación de Jesús a la niña, parece aludir al único pasaje del Cantar donde el <<dormir>> de la esposa está en relación con la voz del esposo: <<Estaba durmiendo ... cuando oigo a mi amado que me llama>> (Cant 5,2). La escena que sigue confirmará el sentido nupcial del relato.
La reacción de los presentes es de total escepticismo. No aceptan la esperanza que les abre Jesús. Para ellos, lo que ha dicho es absurdo. Constatan que en la institución el pueblo muere y se limitan a desahogar su dolor.
Las palabras de Jesús eran una invitación implícita a confiar en él, una invitación a la fe (v. 36). Su invitación es rechazada. Los que están integrados en la institución no admiten la existencia de una alternativa fuera de ella. Ante la evidencia del hecho de la muerte, la afirmación de Jesús les suena a despropósito; de ahí su reacción. <<Ellos se reían de él>>. Del llanto han pasado a la risa; se ríen del que pretende conocer una salida de la muerte.
Mc 5,38
Llegaron a la casa del jefe de sinagoga y contempló el alboroto de los que lloraban gritando sin parar.
Jesús y sus acompañantes llegan <<a la casa del jefe de sinagoga>>. Cada vez que se habla de muerte o se alude a ella aparece la denominación <<el jefe de sinagoga>>. La mención del cargo en vez del nombre propio da a esta casa un carácter especial; no es la casa de una familia, sino el lugar de la institución religiosa oficial.
Continúa así el lenguaje figurado de Mc. Esta <<casa>> se contrapone a la nueva <<casa de Israel>> (3,20 Lect.; cf. 7,17; 9,28), fundada por Jesús al constituir a los Doce. Desde ese momento, en que el antiguo pueblo elegido ha dejado de existir como tal, la antigua <<casa de Israel>> (cf. 2,1 Lect.) no es más que <<la casa del jefe de sinagoga>>, una institución dominadora donde el pueblo muere.
Es la casa del duelo. La conexión de los verbos <<llegaron>> y <<contempló>> muestra que el alboroto es el único rasgo que destaca en la casa. A los ojos de Jesús se ofrece el espectáculo de los que se lamentan y gritan. El duelo supone que todos están al corriente de la muerte de la niña.
Para éstos que llenan la casa, la muerte es un hecho irreversible, sin remedio, cuyo único comentario es el llanto sin esperanza (<<sin parar>>). El vacío que deja la niña muerta lo llenan ellos con llanto y gritos; no saben reaccionar de otra manera. Están persuadidos de que esta muerte es definitiva, pues la institución a la que pertenecen no puede aportar solución alguna.
Este <<alboroto>> es lo opuesto a la <<paz>> que Jesús ha ofrecido a la mujer curada (5,34). La gente que se lamenta es el mismo pueblo judío que carece de esperanza. En su sistema religioso no encuentra consuelo para su dolor.
domingo, 7 de enero de 2024
Mc 5,37
No dejó que lo acompañara nadie más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago.
Continúan el camino a la casa del jefe de sinagoga: éste ha escuchado la recomendación de Jesús.
En el episodio anterior Jesús quiso que se hiciera público el cambio de situación de la muer/pueblo; ahora, en cambio, no quiere que la multitud que lo seguía asista a lo que está para hacer. La multitud estaba compuesta por los seguidores de Jesús no vinculados a la institución judía; los problemas que afectan a los integrados en la institución no son los suyos ni Jesús quiere que afecten a ese grupo de seguidores.
En cambio, hace que lo acompañen Pedro, Santiago y Juan, los tres primeros de la lista de los Doce, a los que había puesto un sobrenombre. Estos forman una unidad, como lo indica la construcción sintáctica griega. Los sobrenombres subrayaban sus actitudes: <<Piedra>> (Pedro), la obstinación; <<Truenos>>, el autoritarismo (3,16s Lect.). Esas características los hacen especialmente refractarios al mensaje. La identificación de Juan como <<el hermano de Santiago>>, con la innecesaria repetición del nombre de éste, pone de relieve la postura común de los hijos de Zebedeo.
Estos discípulos deben ser testigos de la muerte que produce la institución y de la potencia de vida de Jesús. El ideal de los discípulos es reformista; han de comprender que, bajo el dominio de la institución religiosa, el pueblo sometido no tiene salida: no basta con una reforma, hace falta el cambio radical expresado antes por la denominación de Jesús como <<el Esposo>>, que implica una alianza nueva y la superación de las instituciones de Israel (2,18-22).
Jesús quiere mostrarles que el reinado de Dios con lleva la discontinuidad con el pasado. El grupo de discípulos representa al nuevo Israel (3,13-19: <<los Doce>>), que va a ser testigo del estado de muerte del antiguo y de la vida que constituye al nuevo, vida que procede directamente de Jesús.
Al comenzar el trayecto, Jairo aparecía en cabeza: <<Y [Jesús] se marchó con él>> (5,24a), seguido de la multitud (5,24b).
Llegados a la frontera de la muerte, el jefe de sinagoga queda en la sombra; Jesús toma la iniciativa y decide quién va a acompañarlo.
Mc 5,36
Pero Jesús, sin hacer caso del mensaje que transmitían, le dijo al jefe de sinagoga: <<No temas; ten fe y basta>>.
Para Jesús no cuenta la noticia que transmiten los emisarios, pero quiere prevenir los efectos que pueda tener en el ánimo del jefe de sinagoga. Su recomendación es doble: no ceder al miedo y continuar en su actitud de fe-confianza en él.
De hecho, la frase <<el mensaje que transmitían>> equivale a la que usa Mc para la actividad de Jesús (2,2 y 4,33: <<les exponía el mensaje>>). Pero, como se ha dicho, se trata de dos mensajes contrapuestos: Jesús expone un mensaje de vida, la institución transmite uno de muerte. El mensaje de vida suscita la fe; el de muerte, el temor. El jefe de sinagoga, a pesar de la institución, había optado por el mensaje de vida. Jesús le ayuda con sus palabras a no echarse atrás.
Jesús se dirige <<al jefe de sinagoga>>, es decir, al hombre en cuanto investido de un cargo oficial. De hecho, su pertenencia a la institución podía pesar sobre él ante la noticia que la institución misma le comunica.
Como en el caso de la mujer con flujos (5,34: <<tu fe te ha salvado>>), la fe aparece como la única condición necesaria (<<ten fe y basta>>) para que la hija del jefe de sinagoga <<se salve y viva>> (5,23). Jairo ha estado presente en la escena de la mujer y ha sido testigo de la fuerza de vida de Jesús; esto debe mantener viva su confianza. Sin embargo, no debe limitarla a lo que ha visto en el caso de la mujer con flujos, que Jesús puede detener la pérdida de vida y comunicar una vitalidad nueva done ésta se va extinguiendo; ha de creer también que puede comunicar vida donde ya no existe. Su fe ha de alcanzar un grado superior.
Con su exhortación a la fe muestra Jesús su amor a Israel y su deseo de salvarlo. La mujer tenía que superar el obstáculo de la Ley; el jefe de sinagoga, el de la muerte. La fe consiste en la adhesión a Jesús y una confianza en él que lo reconoce sin reservas como dador de vida. Los emisarios habían aconsejado la resignación ante el hecho irreversible. Jesús indica que ninguna situación es irreversible para él ni para el que cree en él. La fe o adhesión a él nunca lleva al fracaso, pues ella crea el vínculo que permite a su fuerza comunicarse. Es todo lo que necesita Jairo.
Mc 5,35
Aún estaba hablando cuando llegaron de casa del jefe de sinagoga para decirle: <<Tu hija ha muerto. ¿Para qué molestar ya al maestro?>>
La introducción <<aún estaba hablando>> muestra la conexión de esta escena con la anterior, en la que Jesús se dirigía a la mujer curada (5,34). Mientras Jesús habla a la mujer de salvación y salud, llegan emisarios de casa del jefe de sinagoga anunciando la muerte de la hija a la que Jesús iba a curar.
Otra conexión con el episodio anterior la efectúa la palabra <<hija>>. A la mujer con flujos, figura del Israel marginado, Jesús la ha llamado así, señalando la nueva relación con Dios (<<la salvación>>) que ha establecido a través de él. En esta escena se habla, en cambio, de <<la hija del jefe de sinagoga>> (<<tu hija>>), mostrando que el Israel integrado en la institución no se relaciona con Dios, dador de vida, sino con el sistema religioso e institucional del que depende y que lo lleva a la muerte.
La llegada de los emisarios sucede cuando <<aún estaba hablando>> Jesús. Se yuxtaponen así el discurso de vida y el de muerte; el primero procede de Jesús, el segundo, del ámbito de la institución. En efecto, el lugar de procedencia de los emisarios no se designa como <<la casa de Jairo>>, persona particular, sino como <<la casa del jefe de sinagoga>>, haciendo resaltar el aspecto institucional. También el término <<hija>> queda determinado por la misma denominación: no se la llama <<hija>> (querida) del hombre Jairo (cf. 5,22; <<mi hijita>>), sino hija del funcionario, la que depende de su autoridad. Dentro de la institución, la relación dirigente-pueblo se concibe como posesión, dominio y dependencia.
Con la noticia <<ha muerto>> indican los que llegan a un final irreversible, la supresión de toda esperanza. Muestran con esto que la institución es incapaz de comunicar vida al pueblo y ni siquiera de mantenerla.
Los emisarios no se limitan a comunicar la noticia, sacan una consecuencia para ellos evidente: <<¿Para qué molestar ya al maestro?>> El apelativo <<el maestro>> muestra que en el ambiente del jefe de sinagoga se consideraba a Jesús como tal, a pesar de la existencia de los letrados, maestros oficiales. Como en la sinagoga de Cafarnaún (1,22), se ha reconocido la autoridad de Jesús; así lo ha manifestado Jairo al ir a encontrarlo y pedirle que salve a su hija.
Pero, al mismo tiempo, la pregunta delata que los emisarios no tienen fe en Jesús como dador de vida. Habían puesto cierta esperanza en él, pero, ante la muerte, estiman que ni siquiera de él se puede esperar solución. Para ellos, Jesús habría podido fortalecer una vida agonizante, la del pueblo dentro de las antiguas instituciones, pero no puede restituir la vida donde ya no existe, ni hace posible un nuevo comienzo sin conexión ni continuidad con el pasado.
Mc 5,24b-34
Otra multitud, ésta de seguidores (lo seguía, cf. 2,15) que no proceden de la institución judía (cf. 3,32.34; 4,10: «los que estaban en torno a él»: su cercanía y adhesión a Jesús están expresadas aquí por apretujándolo) (24b). Mujer impura por su enfermedad (Lv 15,25-30), enferma y estéril, que representa al Israel (25: doce años) marginado por la institución. Mientras ha aceptado la marginación que le impone la Ley, no ha encontrado solución. Ahora, mezclada con el grupo no israelita, viola la Ley que le prohibía tocar a Jesús (27-28). Es decir, los marginados de Israel encuentran en Jesús una alternativa a su situación (cf. 1,39-45). La fuerza de vida que sale de Jesús, el Espíritu. Hija (cf. Sof 3,14; Zac 9,9: «hija de Sión»). A nivel narrativo, curación; a nivel teológico, salvación por la fe.
Mc 5,32-34
Él miraba a su alrededor para distinguir a la que había sido. La mujer, asustada y temblorosa por ser consciente de lo que había ocurrido, se acercó, se postró ante él y le confesó toda la verdad. Él le dijo: <<Hija, tu fe te ha salvado. Márchate a la paz y sigue sana de tu tormento>>.
Jesús no hace caso de la impertinencia de sus discípulos, él sabe el sentido de su pregunta. Al <<estás viendo>> de los discípulos, excluyente de toda novedad, opone él un <<mirar a su alrededor>> para descubrir el sujeto de la nueva adhesión.
Él sabe lo que busca, pues conoce el anhelo de los oprimidos. Mc señala esta conciencia de Jesús indicando que no busca con su mirada a una persona indeterminada, sino a la que lo ha tocado (<<a la que había sido>>). La mirada de Jesús fuerza a la mujer a salir del anonimato que había mantenido con tanto empeño.
La reacción de la mujer/pueblo al verse descubierta es de temor (<<asustada y temblorosa>>), por ser consciente de lo que ha ocurrido y de no haber pedido la autorización de Jesús. Teme la reacción de éste.
El temor es la reacción típica en el judaísmo ante la manifestación divina; el Dios de Israel inspira temor. Estos marginados, parte de la multitud inicial (5,21), se han criado en las categorías religiosas judías. Temen un reproche de parte de Jesús, reflejando un sentido de culpa por la acción realizada, que implicaba la ruptura con la Ley.
Por la salud que experimenta, la mujer sabe que la pregunta de Jesús se dirige directamente a ella. No tiene más remedio que acercarse, pues ve que Jesús sabe lo que ha hecho. <<Postrarse ante él>> (cf. 3,11) significa reconocer su calidad divina (cf. 5,6; Sal 95/94,6); el gesto refleja al mismo tiempo su temor. Sigue esperando el reproche.
Delante de todos cuenta <<toda la verdad>>, que implica su estado anterior, su situación sin salida bajo el régimen de la Ley, su contacto/adhesión a Jesús prescindiendo de ella y el efecto de curación que ha experimentado. La palabra <<verdad>> no queda reducida para el hombre a la esfera del conocimiento intelectual, sino que implica una experiencia: la obtención de la libertad y de la vida.
Al gesto y al temor de la mujer no responde Jesús con un reproche, sino con una palabra de afecto (<<Hija>>), la misma que dirigió al paralítico (2,5); así disipa toda sospecha de indignación por su parte y crea una nueva relación. Antes le había comunicado vida/fuerza, ahora le expresa amor.
El apelativo <<hija>> alude sin duda al texto de Jr 8,22 LXX, donde se une a la idea de curación: <<¿No hay médico aquí? ¿Por qué no se ha verificado la curación de la hija de mi pueblo?>> La expresión <<la hija de mi pueblo>> designa al pueblo mismo o a la capital que lo representa (cf. Sof 3,14; Zac 9,9; <<hija de Sión>>). Esta alusión da a la frase de Jesús el sentido de una elección: los marginados por la institución judía son para Jesús <<pueblo de Dios>>. Su aspiración está colmada.
Por su impureza, la mujer pensaba estar excluida de la relación con Dios. El apelativo <<hija>> muestra, en cambio, que, aun habiendo violado la Ley, por la adhesión a Jesús es objeto del a mor entrañable de Dios.
La falta de la mujer ha sido legalmente grave, las prohibiciones de la Ley eran severas, pero Jesús no les da importancia alguna, como si la Ley no existiese.
El agente de la curación ha sido la fe, que ha aparecido como la adhesión a Jesús rompiendo con el pasado y la confianza de obtener la curación por el contacto con él. Antes, la curación se atribuía a la fuerza de Jesús; ahora, a la fe. La fuerza está disponible, pero solamente la fe/adhesión es capaz de abrirle un cauce. La salvación es obra de Dios con la colaboración del hombre.
En contexto semítico, <<la paz>> incluye la integridad, la salud, el bienestar. Se opone a la situación de <<los que se encuentran mal>> (2,17), representados por la mujer. Las palabras de Jesús <<márchate a la paz>> parecen significar una invitación a entrar en la nueva comunidad, designada como <<[la] paz>>. Así lo insinúa el paralelo con las figuras representativas del mundo pagano, el paralítico y el geraseno, a quienes Jesús dijo <<márchate a tu casa>> (2,11; 5,19), diferente en ambos casos de <<la casa de Israel>>. La mujer, marginada por la institución judía, tiene su lugar en la comunidad de Jesús.
El verbo <<salvar>> (<<tu fe te ha salvado>>) tiene un doble sentido: en el plano narrativo significa curación, comunicación de salud física; en el plano teológico del evangelista denota la salvación definitiva, efectuada por la comunicación del Espíritu, la vida divina. Con la última frase: <<sigue sana de tu tormento>>, Jesús le confirma a la mujer que su nueva situación es para siempre.
A los años pasados de enfermedad y de angustia se contrapone ahora un futuro de paz y salud. A la esterilidad anterior sucede una nueva posibilidad de ser fecunda. Es la expresión figurada de la alternativa que Jesús ofrece.
Resumiendo brevemente el significado de las figuras contenidas en la perícopa, puede decirse: Grupos de marginados por la institución religiosa judía que, a pesar de todos sus esfuerzos, siguen siendo tachados de <<impuros>> y separados de Dios por no practicar una observancia de corte fariseo, tienen noticia de Jesús, de su actividad y de su mensaje y se persuaden de que en él pueden encontrar remedio a su situación. Toman entonces la iniciativa: se emancipan de la Ley que lo retenía en la marginación, dan su adhesión a Jesús y hacen suyo su mensaje; aunque no hacen pública su ruptura ni su adhesión, sienten la liberación que ésta efectúa y la vida que comunica.
Jesús, sin embargo, aunque no haya tenido contacto con ellos, sabe de la existencia de estos grupos y quiere que salgan a la luz y que su decisión sea conocida de todos: el pueblo adulto y capaz de iniciativa (del que es figura la mujer) no debe mantenerla en secreto ni vivirla clandestinamente, sino exponer ante todos su vicisitud y, desafiando al sistema religioso que condena la actividad de Jesús, integrarse en la comunidad alternativa que él ha fundado fuera de la institución judía.
sábado, 6 de enero de 2024
Mc 5,31
Los discípulos le contestaron: <<Estás viendo que la multitud te apretuja ¿y sales preguntando "quién me ha tocado!?>>
Reaparece el grupo de los discípulos, distinto de la gran multitud de seguidores. No ha participado en la misión con los paganos, no se ha mencionado su vuelta ni su presencia en la playa (5,21). En los sucesos descritos por Mc no tenían nada que aportar. Ahora muestran de nuevo su incomprensión.
Su respuesta tiene un tono de insolencia. La pregunta les parece incongruente; el contacto con Jesús es externo y constatable (<<Estás viendo>>). Por no haberla experimentado, aún no comprenden la realidad del cambio interior por la adhesión íntima a Jesús (4,14-20.26-29). La multitud, por el contrario, que tiene experiencia de su estrecho contacto con él (<<lo apretujaba>>), no se extraña de la pregunta.
Los discípulos no dan importancia al término <<la ropa>> en la pregunta de Jesús y lo suprimen en la suya (<<quién te ha tocado>>). No captan los tímidos acercamientos de los que no se atreven a desafiar la opinión ajena. No perciben el fermento que existe entre ciertos grupos marginados ni su oculta adhesión a Jesús. Por su propia falta de adhesión plena carecen de sensibilidad para percibir estas situaciones.
Mc 5,30
Jesús, dándose cuenta interiormente de la fuerza que había salido de él, se volvió inmediatamente entre la multitud preguntando: <<¿Quién me ha tocado la ropa?>>
Jesús tiene conciencia de que la fuerza que él posee se ha comunicado; es una experiencia de Jesús (<<dándose cuenta internamente>>), en paralelo con la que se ha descrito de la mujer (<<notó en su cuerpo>>). A la fuerza comunicada corresponde la cesación de la hemorragia.
Estos paralelos establecen una relación oculta entre Jesús y la mujer. Los dos conocen al mismo tiempo, y ambos conocimientos se verifican a través del contacto de la mujer con la ropa de Jesús, es decir, a través de una comunicación indirecta, no personal.
Jesús ha curado sin pretenderlo, pero no sin tener conciencia de ello. Es portador de una vida disponible para todos y el menor contacto con él (adhesión a él) comunica vida.
La curación de la mujer es efecto de <<la fuerza>> que sale de Jesús. Hasta ahora, los relatos de curación sólo narraban los efectos en los enfermos. Esta es la única vez que Mc describe el proceso interno, el modo como salva/cura Jesús. No solamente pone en movimiento las fuerzas vitales de la persona misma, ésta recibe además una fuerza de vida que procede de él. Según el significado de <<fuerza>> en este evangelio, es la fuerza de vida de Dios mismo, su Espíritu, comunicado por Jesús, que lo tiene en plenitud (1,10).
El contacto físico es el símbolo de la adhesión y la confianza, condición necesaria y suficiente para que se establezca la comunicación. Quien tiene fe en Jesús obtiene vida. Se confirma el significado de la fe: es la adhesión a Jesús y la confianza en él como Salvador, es decir, como dador de vida.
Tan inmediata como la curación es la reacción de Jesús (<<Inmediatamente se secó>> ... <<se volvió inmediatamente>>). Interrumpe su marcha para poner de manifiesto la relación que se ha establecido entre él y la mujer. Se vuelve hacia atrás <<entre la multitud>>. La pregunta de Jesús no es un reproche. Aunque no la conoce, se dirige a la persona que lo ha tocado para que ella misma haga pública su ruptura con el pasado y su opción por él.
Mc 5,29
Inmediatamente se secó la fuente de su hemorragia, y notó en su cuerpo que estaba curada de aquel tormento.
La eficacia de su acción es inmediata. El contacto con el manto de Jesús, es decir, su adhesión y confianza en él, rompiendo el muro de la Ley, la cura. Su confianza no la había engañado.
El texto describe el hecho desde un punto de vista objetivo (<<se secó la fuente>>) y desde un punto de vista subjetivo (<<notó en su cuerpo>>). Ha cesado la pérdida de vida. La experiencia es de curación definitiva (<<estaba curada>>). El hecho objetivo (<<se secó la fuente>>) indica que, al desentenderse de la Ley, ha eliminado la causa de su mal. La experiencia subjetiva (<<notó en su cuero>>) marca la conciencia del nuevo estado de libertad y vigor.
La curación se opone al historial médico relatado antes: a los sufrimientos provocados por los falsos médicos se opone la facilidad con que se cura recurriendo a Jesús; a los gastos que la han dejado en la miseria, la gratuidad; al prolongado proceso, la inmediatez. El deseo de vida de la mujer, continuamente frustrado por la Ley, se ha encontrado con el deseo de Jesús de comunicarla.
El jefe de sinagoga ha tenido que romper con su institución para acudir al heterodoxo Jesús; la mujer rompe con la Ley para obtener la salud. En ambos casos, la posibilidad de vida está ligada a la ruptura con el sistema religioso opresor.
El término <<tormento>> ha aparecido en 3,10, referido a la opresión social que padecía la muchedumbre que acudía a Jesús. Aparece la relación entre las dos perícopas: la mujer representa al Israel oprimido por el sistema socio-religioso con el arma de la Ley. La cesación del tormento significa que ha cesado la opresión.
Mc 5,27-28
... como había oído hablar de Jesús, acercándose entre la multitud, le tocó por detrás el manto, porque ella se decía: <<Si lo toco aunque sea la ropa, me salvaré>>.
Ha oído hablar de Jesús, luego no lo conoce personalmente. Esto significa que más y más grupos de marginados de Israel se van acercando a Jesús, atraídos por su fama. Las noticias que la mujer ha tenido de él (cf. 4,7b-8) le han abierto un horizonte nuevo y, en consecuencia, una nueva línea de acción; han producido en ella una confianza absoluta en la potencia de Jesús, hasta el punto de estar convencida de que no hará falta siquiera pedirle que la cure ni llegar al contacto directo con su persona. Cree que de Jesús no puede salir más que vida.
La mujer se confunde con la multitud de marginados que siguen a Jesús; él no ha venido para salvar justos, sino pecadores, tirando abajo la barrera erigida por la Ley (2,17).
Le toca el manto por detrás, gesto clandestino. No quiere manifestar públicamente su ruptura con la Ley ni que Jesús se dé cuenta de que lo toca (<<entre la multitud, por detrás>>), temiendo un posible reproche. El contacto físico es figura de la adhesión íntima a Jesús, que incluye la confianza en su fuerza. Piensa que el contacto incluso mínimo (<<aunque sea la ropa>>) la hará salir de su penoso estado. Su certeza es total (<<me salvaré>>). Es lo que luego Jesús llamará <<fe>> (v. 34).
Pero el mismo acto que puede salvarla dándole la salud la condenaría a los ojos de la Ley. El contacto que ella ve como transmisor de vida, la Ley le dice que transmite impureza. Al prohibirle tocar a Jesús, la Ley le impedía obtener la curación. El sistema judío, imponiéndose en nombre de Dios, no permite que nadie se sustraiga a su dominio.
Pero esta mujer adulta se ha emancipado del tabú; quebranta conscientemente la ley de lo puro y lo impuro, que Jesús mismo había violado tocando al leproso (1,42). Se ha encontrado, como Jairo, ante una alternativa: ha tenido que optar entre el amor a la vida y el respeto a la Ley. Ha optado por la vida.
Hasta ahora las curaciones han ido precedidas de una petición o una presentación del enfermo a Jesús (1,30.40; 2,1); esta mujer, en cambio, como los oprimidos de 3,9, a los que Jesús no llegó a curar, toma ella misma la iniciativa de tocarlo.
viernes, 5 de enero de 2024
Mc 5,26
... que había sufrido mucho por obra de muchos médicos y se había gastado todo lo que tenía sin aprovecharle nada, sino más bien poniéndose peor ...
En el marco del carácter representativo de la mujer, el recurso a muchos médicos y el gasto de todos sus bienes son figuras del vivo deseo de estos oprimidos, que no han escatimado medios para encontrar una salida a su situación. Se hace patente el fracaso de sus numerosas iniciativas ante la inflexibilidad de los intérpretes de la Ley. Cada vez que ha intentado obtener salud sólo ha conseguido agravar su enfermedad. El valor supremo, por el cual lo ha intentado todo y ha derrochado sus bienes, era obtener la relación con Dios, la salvación y la integración en el pueblo de la promesa, que su impureza/marginación le impide.
Muchos se han ofrecido a sacarla de su situación (<<médicos>>), pero las numerosas soluciones propuestas eran todas falsas. Los que se llamaban expertos en restituir vida/salud lo han sido solamente en causar dolor; no han detenido la pérdida de vitalidad (flujo). Por otra parte, la búsqueda ha hecho perder a la mujer/pueblo incluso sus medios de vida, quedando reducida a la miseria (<<todo lo que tenía>>). A cambio de su esfuerzo y de su dinero no ha obtenido más que un empeoramiento de su situación. Los mediadores (<<médicos>>) que prometían salvación aparecen así como meros explotadores de las aspiraciones del pueblo marginado.
La figura de la impureza conecta estos medios buscados por la mujer con los costosos ritos y sacrificios de purificación mencionados en el caso del leproso (1,44); se trata en ambos casos de la explotación religiosa. A la mujer le han prometido una purificación y reinserción que nunca llega: las condiciones de observancia legal que se exigen para ello son tan estrictas que resultan imposibles de cumplir y, por otra parte, fomentan el sentido de culpabilidad de los marginados.
El conjunto de detalles que acumula Mc sobre la situación de la mujer describen un estado de profundo desengaño e irremediable fracaso. Lo ha probado todo y todo le ha salido mal; ya no le queda nada que perder. Por sí misma ha llegado a la convicción de que dentro del sistema religioso no hay solución para ella.
La mención del recurso a <<muchos médicos>> ha de asociarse con el dicho de Jesús en 2,17: <<No tienen necesidad de médico los que son fuertes, sino los que se encuentran mal>>. Este dicho hace ver que la mujer pertenece al grupo de <<los que se encuentran mal>>, expresión que designa a los oprimidos de Israel (1,32) y a los <<pecadores>> (2,17), excluidos del pueblo y de la alianza por los fariseos letrados, custodios de la observancia (2,16). Se ve que en Israel la opresión se ejercía sobre todo con la marginación religiosa y social.
El ardiente deseo de mejora de la mujer/pueblo se había mantenido hasta ahora dentro de las categorías de la Ley/institución, pensando que su marginación estaba justificada. Este sector del pueblo tiene mala conciencia por no ser capaz de observar la Ley al modo como se le exige; en el fondo cree que el sistema lleva la razón. No ha recurrido a Dios, que, según la Ley, no lo aceptaba por su impureza, sino a hombres. Dentro del ámbito de la Ley ha probado mil veces, y mil veces ha fracasado. Quiere la reconciliación con Dios, pero la Ley se la niega. No hay solución desde dentro. La ley de lo puro y lo impuro quita la vida a los que excluye del pueblo (mujer); a los que se integran en la institución religiosa, se la quita el legalismo fariseo (hija de Jairo).
En el caso del leproso (1,39-45), era la Ley la que causaba la lepra/marginación, convenciendo al individuo de su impureza; también aquí es la Ley la que causa la pérdida de vida. Como en el caso del geraseno (5,2-20), una vez aceptadas las categorías del sistema, todos los esfuerzos son inútiles a causa del poder de la institución. Hasta ahora no ha habido alternativa a la institución judía. La alternativa empieza con Jesús.
Mc 5,25
Una mujer que llevaba doce años con un flujo de sangre...
Un incidente interrumpe la marcha del cortejo que va a casa de Jairo: hay una mujer enferma que busca curación en Jesús. Contrasta esta figura de mujer adulta y, por tanto, responsable con la de la hija de Jairo, niña y dependiente.
La enfermedad de la mujer se describe como una metrorragia crónica, que, además de atormentarla físicamente, la hacía legalmente impura y transmisora de impureza. Estaba obligada por la Ley a evitar todo contacto con las demás personas, y éstas a evitarlo con ella. En Ez 36,17 la impureza del flujo menstrual es figura de la infidelidad del pueblo: <<Como la impureza de una menstruante era su conducta ante mí>>. La enfermedad representa, pues, la acusación que hacen los círculos rigoristas al pueblo no observante, manteniéndolo en situación permanente de inferioridad y marginación.
La enfermedad duraba ya <<doce años>>. Esta innecesaria precisión crea una clara alusión a Israel; el mismo número señalará más adelante la edad de la hija de Jairo (5,42). Se confirma que ambas figuras, anónimas y sin rasgos personales, designan de algún modo al pueblo judío. De hecho, cada una de ellas representa a un sector de ese pueblo que, en la época de Jesús, sufre la opresión por parte de la institución religiosa: la hija de Jairo, al de los integrados en ella; la mujer con flujos, a los que ella relega a la marginación.
En el caso de la mujer, como en el del leproso (1,39-45), es la enfermedad, que la hace legalmente impura, la que la constituye en representante de los sectores marginados de Israel. El motivo de su discriminación es religioso: es la Ley de Moisés la que impide su integración en la estructura cultual y en la comunidad del pueblo escogido, y la que, en último término, los excluye de la salvación, pues la impureza no permite el acceso a Dios.
Al mismo tiempo, la enfermedad que se atribuye a la mujer hace imposibles las relaciones sexuales; este sector del pueblo está, por consiguiente, condenado a la esterilidad. Dentro del lenguaje figurado del evangelista, está fuera de la alianza, separado de Dios, sin posibilidad de futuro.
El flujo de sangre simboliza la pérdida incontrolable de vida. Lo prolongado de su enfermedad indica la gravedad de su estado. La Ley, que la declara impura, mantiene a este sector del pueblo privado de Dios, lo obliga a vivir marginado y no le ofrece vida, sino muerte.
Mc 5,24b
Lo seguía una gran multitud que lo apretujaba.
La ausencia del artículo impide identificar a esta multitud con la que acudió a Jesús en la orilla del lago (5,21). Se repite, pues, el tema de las dos multitudes: una judía, que simpatiza con Jesús y espera de él liberación, pero que no comprende la novedad radical de su mensaje (5,21: <<se congregó>>), y otra <<que lo sigue>>, es decir, que le ha dado su adhesión y comprende y acepta su mensaje.
Así, pues, en el evangelio aparecen periódicamente tres grupos que están con Jesús o se acercan a él. En primer lugar, el grupo de <<los Doce>> o Israel mesiánico, llamados también <<los discípulos>> (5,31), en cuanto son seguidores de Jesús procedentes del judaísmo, quienes no acaban de desprenderse de las categorías nacionalistas; en segundo lugar, una multitud judía que ve en Jesús una esperanza, pero en la línea de la reforma de las instituciones (5,21); finalmente, un numeroso grupo o multitud de gente <<impura>> (2,15; 3,32) marginada o excluida por la institución judía, que ha dado plena adhesión a Jesús, comprende su programa y lo sigue (5,24b).
Aunque Jesús se ha marchado con Jairo (5,24a), la gran multitud no los sigue a los dos, sino solamente a Jesús, lo que indica el sentido técnico del verbo <<seguir>> en este contexto. Pero, además, sigue a Jesús <<apretujándolo>>, sin que Jesús proteste por ello. De hecho, este detalle no es peyorativo; es una figura con la que Mc señala la continua y estrecha cercanía a Jesús de estos seguidores, expresada anteriormente con la de <<estar sentados en torno a él>> (3,32.34). Ambas figuras, usando la imagen de la cercanía e incluso del contacto físico, expresan lo que es propio de todo seguidor: <<estar con Jesús>> (3,14), es decir, la adhesión incondicional y permanente, base del verdadero seguimiento.
Mc 5,21-24a
La multitud judía acude a Jesús, el que ha roto con la institución, mostrando su descontento con ésta y aceptando el contacto de Jesús con los paganos (21). La multitud se desdobla en dos personajes: la hija de Jairo, que representa el pueblo sometido a la institución (jefe de sinagoga), y la mujer con flujos, que representa al pueblo marginado por ella (impura). El pueblo sometido a la institución (hijita del jefe de sinagoga; cf v. 42: doce años) está en peligro de muerte. El jefe de sinagoga (cargo) no encuentra remedio en su sistema y opta como persona (Jairo) por acudir a Jesús, el excomulgado por ella.
Mc 5,22-24a
Llegó un jefe de sinagoga, de nombre Jairo, y al verlo cayó a sus pies, rogándole con insistencia: <<Mi hijita está en las últimas; ven a aplicarle las manos para que se salve y viva>>. Y se fue con él.
La gran multitud de oprimidos por el régimen judío va a ser representada en el relato por dos personajes: el primero, la hija del jefe de sinagoga, figura del Israel sometido a la institución, cuya situación es extrema; el segundo, que aparece en la perícopa siguiente, la mujer con flujos, que es figura del Israel marginado por la institución. Veamos la exposición del primer caso.
Mientras Jesús sigue a la orilla del lago, se le acerca un jefe de sinagoga. Éste no ejerce un poder religioso, sino una función administrativa: es el responsable de la organización de la sinagoga y figura importante de la institución judía local. Al no estar cegado por el legalismo fariseo, puede darse cuenta del estado del pueblo.
Es sorprendente que un hombre, representante máximo de la institución sinagogal, se acerque a Jesús, que ha roto públicamente con ella (3,6-7a.13ss) y se ha propuesto sacar al pueblo fuera de la institución religiosa judía (3,27). Es más, con la constitución de los Doce Jesús ha declarado la novedad absoluta de su programa y su independencia respecto a las instituciones anteriores. A los ojos del sistema judío es un poseído por Belcebú (3,22), es decir, un enemigo de Dios. Su enfrentamiento ha sido tan fuerte que se planeaba su muerte (3,6).
Sólo un motivo poderosísimo ha podido inducir al jefe de la sinagoga a buscar ayuda en Jesús. Además, el paso que da es plenamente deliberado: Jesús está fuera de la ciudad, <<junto al mar>>, y tiene que ir a buscarlo ex profeso.
Mc menciona el nombre de este personaje, <<Jairo>>, estableciendo una oposición entre el cargo (<<jefe de sinagoga>>) y la persona (<<Jairo>>); el personaje se convierte en un paradigma de dualidad entre función y hombre.
El jefe de sinagoga consigue encontrar a Jesús (<<al verlo>>), e inmediatamente hace un gesto inesperado: <<cayó a sus pies>>. Es un reconocimiento de la superioridad de Jesús que contrasta fuertemente con la posición social del hombre que lo ejecuta. El que es jefe de la institución religiosa local y de la comunidad de la sinagoga se echa a los pies del rechazado por esta institución.
El gesto prepara la súplica que sigue, subrayando su importancia. Mc no utiliza el verbo <<pedir>>, sino <<rogar>> y, además, <<con insistencia>> (cf. 5,10), indicando el gran interés del jefe de sinagoga y la urgencia de su petición. No ha encontrado solución dentro de su sistema legal, y va a buscarla en Jesús. De su ruego se trasluce la certeza de que éste puede sacar a su hija del peligro y devolverle la vida.
Jairo expone a Jesús el motivo de su angustia, que explica su proceder: <<Mi hijita está en las últimas>>. Se halla en una situación extrema y es una hija única (<<mi hijita>>). Es evidente que ha utilizado ya todos los medios a su alcance para resolver la situación y que todos han fracasado.
La expresión <<mi hijita>> denota por una parte pequeñez/inferioridad y ternura/afecto; por otra, posesión y dependencia (posesivo). Existe, pues una doble relación: de inferioridad-dependencia y de posesión-afecto.
Para acudir a Jesús, Jairo ha esperado hasta el último momento, hasta que la hija está a punto de morir (<<en las últimas>>). Su decisión era tan grave que no la ha tomado hasta ver cerrados todos los caminos. Pero, al retrasar tanto el recurso a Jesús por no romper con la institución, ha puesto en mayor peligro la vida de su hija.
La frase <<aplicar las manos>> implica tocar con un propósito determinado; en la cultura judía significaba la transmisión de una fuerza o energía personal y se usaba para curar o para bendecir, lo que en ambos casos se interpretaba como comunicación de vida.
El verbo <<salvar>> ha aparecido una sola vez antes de este episodio, en el del hombre con el brazo atrofiado (3,1-7a), figura del pueblo sometido a la institución religiosa. Ante la lamentable situación de éste, Jesús preguntó a los fariseos qué estaba permitido en sábado: si <<salvar una vida>> o <<matar>> (3,4), y demostró estar dispuesto a <<salvar>> la vida del hombre, aun con riesgo de la suya propia.
La mención de la sinagoga (<<jefe de sinagoga>>) y el uso del verbo <<salvar>> en boca de Jairo enlazan los dos episodios y la figura de la hija con la del hombre del brazo atrofiado. Se delinea el carácter representativo de los dos personajes: el jefe de sinagoga y su hija representan, respectivamente, a los responsables de la institución sinagogal y al pueblo integrado en ella. En Jairo se plasma el caso ideal de un dirigente que ha comprendido que la institución religiosa (dominada por los fariseos) impide la vida del pueblo y que sólo Jesús puede dársela.
La petición de Jairo en favor de su hija es doble: <<que se salve>> y <<que viva>>. El primer verbo mira sobre todo a salir de una situación negativa; el segundo, a entrar en la situación positiva subsiguiente. En la intención teológica de Mc, ambos verbos son complementarios y un recurso para marcar de nuevo el principio y el fin del éxodo: la salida de la opresión (<<se salve>>, <<empiece a vivir>>).
En el libro del Deuteronomio se afirmaba repetidamente que la observancia de los preceptos de la Ley daría al pueblo vida, lo haría crecer y lo llevaría a poseer la tierra prometida (Dt 4,1; 8,1; 11,8; 30,16). Sin embargo, el legalismo fariseo y su absolutización de la Ley, desdeñando el bien del hombre, llevan al pueblo a la esterilidad y a la muerte.
La mención del cargo en primer lugar y del nombre propio a continuación, y la exposición del problema personal de Jairo, muestran que este funcionario-hombre se ha encontrado ante un dilema y que ha tenido que optar entre dos fidelidades: la fidelidad a la institución de la que es representante y la fidelidad-amor al pueblo/hija que considera suyo y dependiente de él.
La fidelidad a la institución le impedía acudir a Jesús, a quien la sinagoga había excomulgado. Pero esa institución no salva al pueblo de la muerte, sino que se la procura. De hecho, ante la pregunta de Jesús en la sinagoga (3,4) los fariseos, que la dominan, se pronunciaron en favor de su legalismo de muerte y en contra de la vida. Al acudir al excomulgado, muestra Jairo hasta qué punto está dispuesto a saltarse los condicionamientos religiosos y sociales con tal de conseguir la salvación de la hija.
En el dilema entre fidelidad a la institución y amor al pueblo, Jairo ha optado por romper con la institución inhumana. Al contrario que los fariseos, ha hecho suyo el principio puesto en práctica por Jesús en la sinagoga (3,1-7a): que lo primero es el bien del hombre. Su opción por la vida lo lleva a la opción por Jesús.
Mc utiliza en este pasaje presentes históricos (<<llega>>, <<cae a sus pies>>, <<le ruega>>). Como de ordinario, es un recurso para actualizar el episodio, indicando en este caso que la posibilidad de salvación para el pueblo oprimido por el legalismo fariseo sigue abierta, y que sigue dependiendo de la iniciativa de los dirigentes no fariseos. Este indicio, junto con la ausencia de un nombre de ciudad, confirma que las figuras de Jairo y de su hija no denotan en primer lugar individuos, sino prototipos de situaciones.
Jesús no responde con palabras, sino con la acción. Resalta el laconismo de la frase: <<y se fue con él>>, después de la detallada exposición anterior. Jesús no duda un momento, está siempre dispuesto a <<salvar una vida>>. Se hace compañero (<<con él>>) del que se pone en favor del pueblo.
APÉNDICES - MARCOS
El final abrupto de Mc y la omisión de toda aparición del Resucitado a sus discípulos dio pie, ya en el siglo II, a la adición de apéndices ...
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