miércoles, 6 de diciembre de 2023

Mc 4,18-19

 <<Otros son "los que se siembran entre las zarzas": éstos son los que escuchan el mensaje, pero las preocupaciones de este mundo, la seducción de la riqueza y los deseos de todo lo demás van penetrando, ahogan el mensaje y se queda estéril>>.

Los obstáculos al mensaje están clasificados en tres capítulos. Uno es central, la seducción de la riqueza, primera vez que se da un juicio negativo sobre ella en este evangelio; los otros dos están en relación con ella: el agobio económico hace ver las riquezas como una solución, y éstas provocan deseos y caprichos de todo género; <<todo lo demás>> abarca todos los bienes que aparecen como apetecibles y que pueden obtenerse con dinero. También este caso responde probablemente a ciertas experiencias comunitarias.

El seguidor de Jesús ha de estar libre de esas preocupaciones. La acción de éstas es progresiva (<<van penetrando>>), como el crecimiento de las malas hierbas. El resultado, sin embargo, no es dudoso; acaban por ahogar el mensaje y éste no da fruto, no transforma al hombre.

Considerando ahora juntamente los tres terrenos o actitudes en los que el mensaje no puede fructificar, pueden caracterizarse como la ideología de poder, el apego al prestigio o reconocimiento social, sin excluir la cobardía y la superficialidad, y el deseo de riqueza, que lleva a toda ambición. Son los obstáculos que impiden el seguimiento de Jesús.

LA BIBLIA

Mc 4,16-17

 <<Éstos son "los que se siembran en terreno rocoso": los que, cuando escuchan el mensaje, en seguida lo aceptan con alegría, pero no echa raíces en ellos, son inconstantes; por eso, en cuanto surge una dificultad o persecución por el mensaje, fallan>>.

El segundo caso describe a ciertos entusiastas del mensaje. Para ellos es un ideal en el que encuentran satisfacción y que responde a sus deseos, pero no se comprometen seriamente a seguir a Jesús. El deseo de colaborar a la salvación de la humanidad se subordina a sus propios intereses. Aceptan el mensaje, pero no sus consecuencias: no penetra en ellos modificando su concepción de la vida ni su escala de valores. Cuando la adhesión requiere afrontar la dificultad, cuando pone en peligro la propia seguridad o comodidad, el propio prestigio, la posición social o la fama, se echan atrás. Se trasluce aquí la experiencia de las primeras comunidades cristianas.

Los términos <<dificultad/presión>> y <<persecución>> interpretan la acción del sol en el texto de la parábola (4,6: <<se abrasó y, por falta de raíz, se secó>>). Como en aquel pasaje, lo que debería ser factor de vida se convierte, por la insuficiente adhesión, en impedimento para ella.

LA BIBLIA

Mc 4,15

 <<Estos son "los de junto al camino": aquellos donde se siembra el mensaje; pero, en cuanto lo escuchan, llega Satanás y les quita el mensaje sembrado en ellos>>.

Primer caso: hay ciertos individuos en los que no penetra el mensaje; son totalmente refractarios, impenetrables a él; desaparece sin dejar rastro, como si nunca lo hubiesen oído. Su escuchar es momentáneo, puramente material, sin continuidad ni reflexión. Ejemplo de ello han sido los letrados y los fariseos (2,16; 3,4.22-30). Esta disposición se debe, pues, a la adhesión acrítica a la Ley injusta y discriminatoria, que de hecho hace al hombre injusto, aunque lo justifique a sus propios ojos. Reciben el mensaje en tierra dura <<los que son fuertes>>, es decir, los opresores, <<los justos>> que no creen tener necesidad de salvación (2,17), los que insultan al Espíritu Santo (3,29).

<<Satanás>>, como se ha visto, representa el poder dominador y la ideología que lo justifica y lo exalta. Es <<el fuerte>> (3,27), cuya casa viene Jesús a saquear. En el contexto judío, se encarna en la institución religiosa y su doctrina, que ejerce  legitima el poder y somete al pueblo. El poder y la ambición de poder endurecen al hombre, hacen que le resbale el mensaje del amor y la igualdad, y éste no deja traza en él.

LA BIBLIA

domingo, 3 de diciembre de 2023

Mc 4,14

 <<El sembrador siembra el mensaje>>.

La siembra se describe como una actividad presente y continua, y consiste en la divulgación del mensaje. Jesús da así la clave de lectura de la parábola: se trata de su propia actividad. En cuatro pequeñas narraciones va a interpretar el significado de los cuatro terrenos: éstos no representan clases de hombres, sino posturas o situaciones posibles en cada individuo, actitudes ante su palabra. Cada oyente puede recibir el mensaje de una de las cuatro maneras que van a ser descritas: como tierra dura, tierra rocosa, tierra ocupada por zarzas o tierra buena. No existen, pues, individuos predestinados ni predisposiciones que determinen fatalmente a recibir el mensaje o a rechazarlo. El mensaje se ofrece a todos; si no produce fruto es porque de algún modo el hombre no lo recibe como podría y debería hacerlo.

LA BIBLIA

Mc 4,13

 Les dijo además: <<¿No habéis entendido esta parábola? Entonces, ¿cómo vais a comprender ninguna de las demás?>>

Jesús se extraña de la falta de comprensión de sus seguidores, manifestada en la pregunta (v. 10). No han entendido que en el hombre existen prejuicios y conductas que se oponen al mensaje, y que para aceptarlo se requiere limpieza y disponibilidad interior (<<tierra buena>>). Si no entienden esto serán incapaces de comprender el resto de las parábolas que va a proponer a la multitud.

Los seguidores de Jesús están en la misma situación que <<los de fuera>>. Conocer el secreto del Reino no les ha ayudado, lo que significa que no lo han asimilado; no han penetrado en el sentido de la experiencia que han tenido con él. No haber entendido la parábola significa, como para los de fuera, que la conversión o adhesión a Jesús y la ruptura con el pasado no se han efectuado o son aún insuficientes.

Como se ha visto antes, la falta de comprensión del secreto del Reino se debe a que siguen vigentes para los dos grupos los principios del nacionalismo judío. Los Doce o Israel mesiánico siguen creyendo en el privilegio de Israel sobre los demás pueblos y la necesidad de una restauración gloriosa de la nación judía. Los seguidores no israelitas creen en la prioridad de Israel y piensan que la salvación del resto de la humanidad depende de la de éste: están aún en la órbita de los Doce.

No han entendido, pues, que el mensaje del Reino implica la igualdad de todos los hombres y pueblos (2,3ss), que todos, por la adhesión a Jesús, tienen acceso directo a Dios y a todos se comunica igualmente el Espíritu (2,10). Los Doce no han entendido la misión que Jesús ha confiado al nuevo Israel; éste no ha de ser el centro o el mediador de la humanidad, sino que ha de ponerse a su servicio (3,14 Lect.).

En el fondo, la dificultad, tanto de los seguidores como de la multitud, nace de una falsa idea de Dios: el orgullo de raza o de nación se había justificado tradicionalmente creando la figura de un Dios que discrimina entre los hombres, que prefiere unos pueblos a otros, un Dios cuyo amor no alcanza igualmente a toda la humanidad. La actividad de Jesús ha ido revelando el amor universal de Dios (el secreto del Reino), pero sus seguidores no lo han captado.

Ante esta situación, que compromete la existencia de su comunidad, Jesús les explica la parábola anterior, para dejar claro el punto de partida: para constituir el reino de Dios el hombre ha de ser transformado por la asimilación del mensaje de Jesús: sin hombre nuevo no hay sociedad nueva; pero esta transformación sólo tendrá lugar si el hombre acepta el mensaje y no pone obstáculos a su desarrollo.

Una vez entendida la primera parábola, la comprensión de las otras dependerá de la actitud que adopten los oyentes. Si aceptan la necesidad de cambio interior y hacen suyo el programa expuesto por Jesús (formulación del secreto del Reino) las comprenderán sin dificultad. Si necesitasen todavía explicaciones (4,34) sería señal de que no lo han asimilado.

LA BIBLIA

Mc 4,12

 <<... para que por más que vean no perciban y por más que escuchen no entiendan, a menos que se conviertan y se les perdone>>.

Expone Jesús la razón de su enseñanza en parábolas: no quiere que la multitud capte su mensaje a menos que se efectúe en los individuos un cambio, designado con los términos <<convertirse>> y <<ser perdonados>>.

Mc utiliza en este pasaje el texto de Is 6,9-10, citado según una traducción aramea, pero sin mencionar al profeta ni indicar que se trata de un texto de la Escritura. Por otra parte, el texto no contiene vocabulario particular judío, sino metáforas inteligibles para todos, y Jesús lo aplica a la multitud, que continúa la mala disposición denunciada en otro tiempo por Isaías. El texto, por tanto, es comprendido como de Isaías por los seguidores israelitas (<<los Doce>>) y como texto de Jesús por los seguidores no israelitas (<<los que estaban en torno a él>>). Por otra parte, no se ajusta al texto hebreo ni a la traducción griega llamada de los LXX; sigue una traducción aramea.

Es la única vez que aparece en Mc el término <<conversión>>, que se diferencia del arrepentimiento/enmienda (1,4.15): éste significa un cambio de actitud por respeto al hombre, sin necesaria o inmediata referencia a Dios; la conversión, en cambio, significa <<volverse hacia>> Dios. En el primer caso, el cambio de vida puede efectuarse sin relación a Jesús (cf. 1,4s); en el segundo, no.

La relación de la conversión con la adhesión a Jesús se ve por su efecto: <<y se les perdone>>. Esta frase alude al episodio del paralítico, donde la adhesión a Jesús (<<la fe>>) obtenía el perdón de los pecados (2,5; cf. 3,28). En el AT, la conversión orientaba al hombre hacia Dios; en el evangelio lo orienta hacia Jesús, presencia de Dios en la tierra (2,10 Lect.).

Es, por tanto, el pasado y presente de injusticia que pesa sobre la multitud el que le impide aceptar el mensaje de Jesús. Pero la multitud no es consciente de su propia injusticia, porque ésta nace de su adhesión a la Ley discriminatoria y a los ideales nacionalistas propuestos por la teología oficial, a los principios tradicionales de la institución judía. Por eso no piensa que necesita un cambio de vida, primera condición para acceder al reino de Dios (1,15: <<enmendaos>>).

Pero, en estas condiciones, la exposición abierta del mensaje, que supone la desaparición del privilegio de Israel, provocaría solamente oposición y antagonismo. Jesús no se impone: para no forzarlos ni alejarlos definitivamente con una idea que ellos no son aún capaces de aceptar; les propone las parábolas, dándoles claves para que ellos mismos vayan entendiendo: para los que alcancen la necesaria disposición, serán inteligibles; para los que no la tengan, resultarán enigmas. Sólo aquellos que hayan hecho la opción por Jesús y asimilado los valores que él propone podrán captar su sentido.

LA BIBLIA

Mc 4,11

 Él les dijo: <<A vosotros se os ha comunicado el secreto del reino de Dios; ellos, en cambio, los de fuera, todo eso lo van teniendo en parábolas...>>

Ante la extrañeza de sus seguidores, Jesús va a indicarles dónde está la diferencia. Distingue dos tipos de comunicación: uno, abierto y claro, reservado para ellos, los que han decidido seguirlo; otro, cifrado, utilizando parábolas, con el que se dirige a la multitud. Esto se debe a la desigual preparación de cada auditorio: sus seguidores (<<vosotros>>) conocen algo que los demás (<<los de fuera>>) no conocen, y esto permite a Jesús hablarles sin rodeos. Lo que los seguidores ya conocen es <<el secreto del reino de Dios>>.

<<Secreto>> es algo que puede ser conocido, pero que aún no lo es. <<El secreto del Reino>>, la razón última que explica todos sus aspectos y efectos, es el amor universal de Dios, que desea llevar a la plenitud de vida a todo hombre sin distinción, derribando las barreras que creaban y perpetuaban la discriminación, a comenzar por la Ley judía. La plenitud de vida supone la participación del hombre de la vida divina (el Espíritu).

Formulado con otras palabras: el secreto del reino de Dios consiste en que Dios es Padre, y quiere serlo de la humanidad entera. El pueblo de Israel llamaba a Dios <<su Padre>>, aunque este concepto se refería más al origen del pueblo e insistía más en la autoridad que en el amor. Jesús, en cambio, ha revelado que Dios es Padre de los hombres porque por amor a ellos les comunica su propia vida; y, como su amor es universal, no quiere ser Padre sólo para Israel, sino del mismo modo para toda la humanidad.

Este secreto, el amor universal de Dios que suprime la discriminación, fue proclamado en parte por el leproso curado (1,45: <<el mensaje>>) y a continuación Jesús lo expuso plenamente en Cafarnaún (2,2): el Reino está abierto también a la humanidad pagana (2,1-13: figura del paralítico). En el plano individual, el reinado de Dios comporta la fe en Jesús (2,5) y se realiza en la creación del hombre nuevo, borrando su pasado pecador e infundiéndole vida/Espíritu (2,10). En el plano social consiste en la constitución de una sociedad nueva, cuya primicia es la comunidad de Jesús (2,15), que integra a todos los que le dan su adhesión, lo mismo a los israelitas (los discípulos/los Doce) que a los excluidos de Israel (descreídos/pecadores), afirmando así la igualdad de todos los hombres y pueblos (2,14.15-17).

La comunicación del secreto a los seguidores de Jesús no ha tenido origen, por tanto, en una revelación directa de Dios a ellos, inexistente en el relato. En la narración evangélica, han conocido el secreto al escuchar el mensaje y ser testigos de la actividad de Jesús.

La misma realidad se expresa, pues, de dos maneras, como <<el secreto del reino de Dios>>, el hecho antes desconocido del amor universal de Dios, que acepta en su Reino a todo hombre que dé su adhesión a Jesús, y como <<el mensaje>>, que manifiesta ese amor formulando sus efectos en el hombre y sus consecuencias para la humanidad.

La consecuencia directa del amor universal de Dios a todos los hombres es el amor y la solidaridad entre éstos, con la cesación de toda hostilidad, desprecio y afán de dominio. Para Israel en particular, la manifestación de este amor tiene inevitables consecuencias: caducan sus instituciones (2,18-22), baluarte de su exclusivismo e imposibles de adaptar a la nueva realidad universal. El Espíritu, que hace al hombre libre y señor, deja obsoleta la Ley misma (2,23-3,7a). El reino de Dios no es, pues, una continuación, desarrollo o restauración de la institución israelita.

El uso del término <<secreto/misterio>>, unido en este pasaje a la idea del <<reino de Dios>>, recuerda el uso del mismo término en el libro de Daniel, donde aparece solamente en el cap. 2 (en singular: 2,10.19.27.30.47), referido al sueño de Nabucodonosor, en el que se anunciaba la implantación por parte de Dios de un reino universal cuyo dominio sería eterno. Igual que en Mc 2,10 corrigió Jesús el sentido de <<autoridad>> de Dn 7,14 (2,10 Lect.), corrige aquí el sentido del <<reino>>, que no se basará en el dominio de Israel por la violencia sobre los demás pueblos, como podía deducirse del libro de Daniel, sino en la igualdad de todos los hombres y pueblos.

La razón de que este secreto no hubiera sido revelado hasta este momento de la historia es la misma que determinaba el cambio de época, expresado en 1,15 al proclamar Jesús que <<se ha terminado el plazo>> (1,15 Lect.) Por primera vez existe el Hombre que lleva en sí la plenitud del Espíritu de Dios (1,10); por primera vez, por tanto, puede Dios manifestar a través de él su verdadero ser. Jesús, que ha expresado un compromiso sin límite por amor a la humanidad (1,9), puede revelar el amor universal de Dios. El que ha experimentado la inmensidad del amor de Dios, ha recibido en plenitud la vida divina y ha sido constituido <<Hijo>> (1,11) puede revelar que Dios es Padre de todos los hombres.

Volviendo al tema anterior, la diferencia entre los seguidores y la multitud está en que los primeros, al menos en principio, han dado su adhesión a Jesús, lo han seguido y han escuchado su mensaje; la multitud, en cambio, no sigue a Jesús ni está en disposición de escuchar su mensaje. Por eso no puede Jesús hablarle abiertamente: el secreto/mensaje propone unos valores incompatibles con los del judaísmo, y la multitud, imbuida de la ideología de éste (4,1), es incapaz de aceptar un mensaje que echa por tierra todas sus aspiraciones nacionalistas.

Sin embargo, la incomprensión que muestran los dos grupos de seguidores hace ver que también ellos comparten en cierto modo la ideología del judaísmo. <<Los Doce>> han roto con la institución judía (3,13Lect.), pero no con sus valores e ideales, y ven en la constitución del Israel mesiánico la promesa de la reforma y restauración gloriosa de Israel, que es para ellos la condición para la salvación de los paganos. Los otros seguidores, aunque no pertenecen al judaísmo, se consideran subordinados al Israel mesiánico; aún no han entendido la igualdad de los dos grupos. Ven en la acción reformista el modo de implantar el Reino de Dios en Israel, del que, según creen, depende el acceso al Reino para los no israelitas. De ahí que se asocien a la pregunta de los Doce.

Esto muestra que el secreto puede aprehenderse de dos maneras: como información, en correspondencia con el término <<mensaje>>, o como vivencia, por la plena adhesión a Jesús. Los que lo reciben como información lo filtran a través de sus prejuicios, ideologías o presupuestos culturales; de este modo, no captan el significado del amor universal ni llegan a conocer a Dios. Sólo quienes lo conocen como vivencia de identificación con Jesús comprenden y hacen suya la radicalidad y universalidad del mensaje. Por eso, una cosa es conocer el secreto y otra captar y aceptar sus implicaciones. Los Doce quieren el reino de Dios, pero no comprenden su secreto ni sus consecuencias para Israel; han tomado la decisión de seguir a Jesús, pero no han identificado su propio camino con el que Jesús recurre: aún no <<están con él>> (3,14).

Jesús designa a la multitud como <<los de fuera>> (3,31.32: la madre y los hermanos). Son los que no forman parte de su comunidad, de su nueva familia, por no haber llevado a efecto el designio de Dios (3,35), que es la adhesión a Jesús. Los familiares de Jesús <<se quedaban fuera>> por su hostilidad hacia él, consecuencia del apego a la doctrina de los letrados. La multitud, aunque no manifiesta hostilidad sino simpatía por Jesús, está, sin embargo, imbuida de la misma doctrina nacionalista y exclusivista y, por eso, está también <<fuera>>, es decir, no conoce al verdadero Dios, que extiende su amor a la humanidad entera.

<<Los de fuera>> van teniendo el contenido del secreto (<<todo eso>>) <<en parábolas>>. Anuncia así Mc la temática de las dos últimas parábolas del discurso (4,26-29.30-32), destinadas solamente a <<los de fuera>>, no a los seguidores de Jesús, quienes, por conocer el secreto, no necesitan que se les exponga en lenguaje figurado.

La gran multitud no puede entender porque aún no ha roto con las categorías del pasado. Se siente atraída por Jesús, como lo muestra su deseo de escucharlo: ven en él un líder que puede sacarlos de la opresión, pero no al que los llama a una entrega como la suya para colaborar con él en la obra común (seguimiento); para la gente, el cambio social no exige cambio personal. Hablando a la multitud de esta manera velada pretende evitar Jesús que un choque frontal bloquee el proceso de liberación; les deja posibilidad de reflexión y conversión.

LA BIBLIA

APÉNDICES - MARCOS

El final abrupto de Mc y la omisión de toda aparición del Resucitado a sus discípulos dio pie, ya en el siglo II, a la adición de apéndices ...